Yo sobreviví al Black Friday.

,
Simplicity

Compro luego existo. Pero a buen seguro que hoy mantendré las distancias. Aunque solo sea por convicción. El fenómeno Black Friday bombardea nuestras bandejas de correo con mensajes tentadores que poco tienen que ver ya con hábitos saludables. Lo que se diseñó como el perfecto pistoletazo de salida para la campaña de compras navideñas se ha acabado por convertir en la piedra filosofal de la compulsión consumista. Ese último viernes de cada mes de noviembre las cuentas corrientes de medio mundo y las tarjetas de crédito se convierten en indiscutibles trending topic. Y es que lo que a priori suena a título de largometraje apocalíptico es, sin lugar a dudas, una oda al consumismo tanto en la forma como en el fondo.  

En la forma porque sobrestimula exponencialmente las capacidades del consumidor con un fin último: la compra. Y todo desde su vertiente más irracional. No media motivo concreto ni necesidad demostrable. Solo existe una coartada irrefutable: responder a las ofertas. No importa el por qué sino el qué y el cuánto. Y por supuesto, en el fondo porque las marcas redefinen sus estrategias de venta y hasta incluso su propia identidad para poder estar en la línea de salida en el día de los días. Parece no importar tu estrategia en los 364 días previos. 
Black-Friday
El Black Friday actúa como un virus: se asimila, se adapta y acaba mutando. De su cepa han nacido agentes subsidiarios como el Cyber Monday o los días sin IVA. Pero sea cual fuere su forma de expresión, su esencia sigue siendo la misma. Y sus resultados. Se estima que para la campaña Black Friday 2015, en nuestro país las ventas online alcanzarán los 1.172 millones de euros. Unos números ante los que muy pocos están dispuestos a claudicar.  
Publicitariamente hablando, fenómenos como este suponen nuevos estímulos para las marcas, ya que que deben enfrentarse sin prejuicios y con estrategias ambiciosas a un mercado que por un día pierde por completo sus señas de identidad y redefine a todos sus actores. El problema es que la globalización del fenómeno provoca graves incongruencias en el modus operandi de muchas marcas, que anteponen su participación en estas campañas a la integridad de su propia identidad. Descuentos encubiertos, falsas promesas de rebaja, ofertas que no responden a stock, productos de destockaje en catálogos premium… No pretendo tirar piedras contra nuestro propio tejado pero si creo que es necesario un punto de cordura. Un día es un día, en eso estamos de acuerdo, pero ese día muchas veces tira por tierra años de trabajo construyendo tu reputación como marca. Quizás lo que realmente importe no sea el qué ni el cuánto, sino el cómo.  
Por Sergio Soria

Share on FacebookTweet about this on TwitterPin on PinterestShare on LinkedInEmail this to someone